¿Tú? ¡Maldición! ¡Otra vez Tú? Al parecer tienes poco dinero, poco trabajo y andas un poco alcoholista. Todo lo poco lo tienes tú.
Habiendo terminado de hablar conmigo misma, reviso mi latita de cosas valiosas, y descubro siete pesos. Un billete de siete pesos, completamente arrugado. Agarro mi auto invisible e intento cambiar el billete en el peaje. No hay problema, la señorita zombie que cobra no se entera de nada y logro conseguir cambio real, cambio de cinco pesos verídico. Sin dudarlo, arranco para la casa de Bocho y Nela para invertir mis cinco pesos blanqueados. Estaciono, y descubro aterrada —porque a mí todo me aterra— que no sé cuál número jugar. Entro en pánico y corro en bermudas, con mi joroba y mis muñones metálicos por las calles, hasta que descubro una galería de arte, algo de arte creo que me vendría bien. Me meto intentando disimular el jadeo de la carrera que acabo de detener, me relajo un poco y me sumo a la visita guiada. Me postro con todo el grupo frente a un busto y de pronto me entra por los isoquiestales los alaridos de un hombre llamado Juan que grita: ¡es perfecto!, mi guion es perfecto. ¡Cómo lo ves? —Le pregunta a otro señor con actitud de ser su Patiño (tanto en la vida real como en el espectáculo) mientras juega maulamente con un animalito bolita que se hace bolita y luego intenta escapar— Mira, te explico: Tú vas caminando haciendo pan con queso en el museo con tu boleto obsoleto, y de pronto crees haber encontrado un mensaje satánico en el folio del boleto: 39-12-20-24…
Habiendo terminado de hablar conmigo misma, reviso mi latita de cosas valiosas, y descubro siete pesos. Un billete de siete pesos, completamente arrugado. Agarro mi auto invisible e intento cambiar el billete en el peaje. No hay problema, la señorita zombie que cobra no se entera de nada y logro conseguir cambio real, cambio de cinco pesos verídico. Sin dudarlo, arranco para la casa de Bocho y Nela para invertir mis cinco pesos blanqueados. Estaciono, y descubro aterrada —porque a mí todo me aterra— que no sé cuál número jugar. Entro en pánico y corro en bermudas, con mi joroba y mis muñones metálicos por las calles, hasta que descubro una galería de arte, algo de arte creo que me vendría bien. Me meto intentando disimular el jadeo de la carrera que acabo de detener, me relajo un poco y me sumo a la visita guiada. Me postro con todo el grupo frente a un busto y de pronto me entra por los isoquiestales los alaridos de un hombre llamado Juan que grita: ¡es perfecto!, mi guion es perfecto. ¡Cómo lo ves? —Le pregunta a otro señor con actitud de ser su Patiño (tanto en la vida real como en el espectáculo) mientras juega maulamente con un animalito bolita que se hace bolita y luego intenta escapar— Mira, te explico: Tú vas caminando haciendo pan con queso en el museo con tu boleto obsoleto, y de pronto crees haber encontrado un mensaje satánico en el folio del boleto: 39-12-20-24…
En realidad yo no entendía de qué guion hablaba, ni nada, pero de pronto sentí que todo cobró sentido porque ¡claro!, —le dije a ese señor llamado Juan—, ¡Claro! el día 39 del mes 12 del año 2024, los zombies se apoderarán del mundo y un señor que todos llaman absurdo, por ser diferente a los demás, será presidente, ¡o algo!, no sé bien, pero será acusado de traidor, por un grupo de profanadores de pozos de petróleo, y será obligado a usar una nariz de payaso y a operarse la cara como Hitler y como tiene el labio leporino, tendrá que pintarse el bigote con un marcador indeleble, para que con sus mocos no se le borre. Aceptará la propuesta de su señora de visitar un bar swinger y estoy segura que no podrá evitar consumir el nuevo invento de la tecnología norteamericana: el Googleearthlove. Y usted —no yo— podrá ver en un mapamundi, las posiciones de todas sus ex parejas, y disfrutar de detalles muy personales de las mismas: ¡Uh! Ale está viviendo en Londres… tiene tres hijos y está muy bien… ¡qué suerte! Ahora abra los ojos, acomódese el paquete, pregúntele a la guía algo que no tenga nada que ver, por ejemplo, si esa estatua es de Verlaine, y en la confusión…¡corra! corra babeando espuma de champaña, y pídale a Bocho el número 104, ¡y corra!, ¡corra otra vez! corra mucho y corra rápido, como si el diablo le alcanzara por la espalda, corra hasta llegar a Venado Tuerto y cuando llegue ahí, bese a su amada que ya lleva mucho tiempo esperando que usted regrese de su locura para darle un besito con sabor a alivio de haber podido regresar de nuevo a sus brazos.
